miércoles, 6 de noviembre de 2013

Fín de Ciclo: Clarín, los problemas de fondo permanecen ignorados



 

La semana pasada, en Nueva York,
el jefe de redacción de Clarín,
Ricardo Kirschbaum,
cumplía con la que ha sido
una de sus principales tareas:
ser el vocero victimista
del multimedio
 

 
 
Ha recorrido
todo foro internacional de periodismo
que ha encontrado denunciando:
 
quieren destruir a la prensa independiente y,
en última instancia, a la democracia;
quieren destruir a Clarín
 

Esta vez, lo hacía en un espacio tradicionalmente favorable:
una conferencia sobre libertad de prensa en América Latina
organizada por la Universidad de Columbia

Pero algo había cambiado

Kirschbaum tuvo que hablar
como un miembro más del público,
no como panelista
 tuvo que pararse y caminar hasta un micrófono
en el pasillo central de la sala, como cualquier otro,
y disfrazar su denuncia de pregunta
 
 
 

Los miembros del panel sostenían,
mayoritariamente,
que, más allá de que debía ponerse límite al poder
de los gobiernos latinoamericanos y de que sin dudas estos
tenían una agenda política en su forma de encarar el asunto,
eran legítimas la necesidad y la búsqueda
de un contrapeso público
frente al poder desmedido
de las grandes concentraciones
de medios privados de la región

Cuando Kirschbaum hizo su intervención,
simplemente fue ignorado

Ni le dieron la razón ni se la quitaron:
fue como si lloviera 
 
 
 


Algo ha cambiado
 
y no es la mera derrota política
de estos medios frente a gobiernos
que han perdurado
a lo largo de la última década
contra los pronósticos de sus adversarios

Acaso es su legitimidad misma,
la de esos grandes conglomerados,
la que está en crisis
 
Por un complejo conjunto de procesos
que tienen uno de sus centros
en la revolución tecnológica
de las comunicaciones que se inició
en el siglo pasado pero que domina este
 
 
 

De hecho, como sus equivalentes en otras partes del mundo,
el Grupo Clarín ya sufría esos problemas de legitimidad años antes
de que comenzara su enfrentamiento con el kirchnerismo


Es que esa relación de poder
que antes parecía intocable, natural o invisible,
se volvió materia de discusión cuando el ciudadano común
empezó a tener la posibilidad de expresarse por sí mismo
y llegar a otros sin necesidad de comprar una rotativa
 
 
De pronto no eran los medios de comunicación
los dueños exclusivos de la palabra pública, como antes;
y cuando eso ocurrió, discutir sus privilegios y sus conductas
fue una secuencia inevitable
 
 

Al mismo tiempo, muchos gobiernos descubrían
que los cambios tecnológicos les daban la oportunidad histórica
de deshacerse del mediador y comunicarse
directamente con la sociedad

Muchos presidentes
pasaron a negar la palabra a periodistas
y medios para dirigirse a sus electorados
desde sus cuentas en redes sociales,
emisoras o programas públicos

Esto no ocurrió solamente en América Latina,
como algunos quieren creer o hacer creer,
sino por todo el mundo, incluyendo los EE UU
 
 
 

El gobierno de Barak Obama tomó la decisión,
sin precedente en la historia moderna del país,
de eludir a la prensa para comunicarse
con los ciudadanos en directo

En los años que siguieron,
en que los cambios también pusieron en crisis
la mecánica financiera y comercial de su negocio
 
los grandes grupos de medios del mundo
comenzaron a discutir cómo sobrevivir
 
 
 
 
Siendo dinosaurios en un mundo nuevo,
¿podrían adaptarse o estaban condenados a la extinción?

Ante ese desafío, Clarín se aferró a su estrategia histórica:
seducción, alianza y chantaje
del poder político,
y prácticas monopólicas
sobre el mercado de los avisadores

Los problemas de fondo
permanecieron ignorados

“El desafío es hacerse más digital 
Cambiar toda la estructura, explorar las alternativas
Pero la pelea con el gobierno te quita toda la energía”

En los últimos años,
el Grupo perdió mucho dinero
pero, sobre todo,
perdió esa relación especial con el poder
que había establecido décadas atrás
y sobre la que basaba su estrategia de crecimiento

 
 
 
El dictamen de la Corte Suprema de Justicia,
que confirma la constitucionalidad de la ley de medios,
es el fin formal y público a la aspiración
o el sueño de que ese pasado alguna vez regrese
 

Tras una pelea homérica
Clarín ha sido arrojado por fin
al duro siglo XXI
 
 

Graciela Mochkofsky

 
 
 
 
 
 
 





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